• Jacek Gleba

4 diseñadoras independientes que combaten el cambio climático con storytelling

Es incuestionable que en la industria de la moda estamos cada vez más rodeados de mensajes verdes: prendas realizadas con materiales reciclados, tejidos orgánicos y colecciones conscientes inundan los medios, los desfiles y las pantallas. Pero, ¿hasta qué punto este cambio es genuino? Y, si todos comunicamos sostenibilidad, ¿cómo podemos hacerlo de forma auténtica y creativa?

¿Cuál es la narrativa dominante sobre la relación entre moda y medioambiente? ¿Con qué imágenes se representa; cuál su estética? Y, en respuesta, ¿cómo podemos crear un mensaje innovador, propio y genuino en torno al cuidado del planeta? Estas 4 marcas pertenecen a creativas cuyo interés por la sostenibilidad no se queda únicamente en la producción (ni en el marketing) y queda reflejado en sus ideas, en sus diseños y en sus universos. A través de sus creaciones, nos invitan a reflexionar sobre nuestra relación con la naturaleza, ofreciendo una perspectiva muy personal sobre uno de los mayores problemas a los que nos tendremos que enfrentar en los próximos años.



Collina Strada


“Además de una colección de ready-to-wear; Collina Strada es una plataforma para la conciencia climática, la conciencia social, el cambio y la autoexpresión”. Aunque las palabras con las que Hillary Taymour presenta su marca puedan sonar muy formales, su universo creativo está lleno de sentido del humor. Con diseños coloristas, experimentales y jóvenes, creados con tejidos desechados o reciclados, la marca propone un híbrido entre la estética hippie de los 70 y el estilo trash de la era digital.


La mirada de Collina Strada es irreverente y se afronta al cambio climático con ironía. En uno de sus últimos fashion films, titulado Change is Cute y ambientado en un universo virtual psicodélico, una pegadiza canción repite las palabras “I care a lotta, I wear Collina Strada” (“Me importa mucho [el cambio climático], visto Collina Strada”), mientras los modelos bailan y se divierten rodeados de garabatos. En otra de sus colecciones, la de Primavera-Verano 2020, la marca celebró su desfile en un mercado de frutas y verduras y regaló hortalizas a todos los invitados.


Una de las propuestas más interesantes de la marca es Collina Land, un videojuego (al que se puede jugar en su página web), que permite a los jugadores ponerse en la piel de los modelos de la marca e interactuar con diversos universos virtuales; ya sea recogiendo microfibras del fondo marino o saltando entre icebergs antes de que se fundan. El trabajo de Taymour consigue hacernos pensar a través del contraste; poniendo un problema como el cambio climático en una posición tan frívola, Collina Strada consigue hacernos ver la importancia de a lo que nos enfrentamos: “el objetivo es fomentar la autorreflexión a través de la moda” responde la marca.


Carrusel: colección Primavera-Verano 2022 de Collina Strada.


Vídeo: Fashion Film basado en el videojuego Collina Land.



Botter


La marca de Lisi Herrebrugh y Rushemy Botter es una oda al océano, y en especial, a las aguas caribeñas de dónde proceden sus familias. “Como marca cuyo ADN proviene directamente de una de las regiones marinas con mayor diversidad biológica del mundo, no soportamos presenciar la contaminación del océano” decretan desde la firma, cuyo manifiesto defiende la naturaleza como mayor fuente de inspiración para todas las artes, incluida la moda.


La marca no solamente emplea tejidos realizados con plásticos recogidos del mar, sino que, además, gestiona un proyecto de preservación de arrecifes de coral en Curaçao. Pese a que son muchas las firmas que han apostado por proyectos vinculados a los océanos, la relación de Botter con el agua resulta especialmente personal; fieles a sus palabras, el mar forma parte de su imaginario y acaba retratado en su trabajo de forma íntima, a través de lo que ellos titulan Caribbean Couture.


La iconografía marina es una constante su trabajo: para su colección Otoño-Invierno 2021, titulada Romancing the Coral Reef, crearon conjuntos que incluyen gafas de buceo, boyas como bolsos e incluso trajes decorados con artilugios de pesca. Se trata de propuestas que han llamado la atención de gran parte de la industria: con apenas cinco colecciones a sus espaldas, Herrebrugh y Botter ya han logrado hacerse con el premio del Festival d’Hyères y con la dirección creativa de la línea de moda de Nina Ricci.


Carrusel: colección Otoño-Invierno 2021 de Botter.



Marine Serre


"Ocultándose en cuevas y refugios en las profundidades del subsuelo, pequeños grupos han sobrevivido al Apocalipsis: guerras climáticas; olas de calor; extinción masiva", así describe su colección Primavera-Verano 2020 la diseñadora francesa Marine Serre. Habitualmente ambientadas en un futuro distópico, las colecciones de Serre presentan una moda para la supervivencia; prendas hechas con aquello que quedó de tiempos pasados, adaptadas a las duras condiciones de un presente devastado.


Un mundo de ciencia ficción (o realidad) en el que no es difícil ver piezas fabricadas con cortinas, toallas o alfombras. En manos de Serre, el upcycling obtiene un nuevo significado; a través de sus creaciones, la reutilización de materiales adquiere una historia, permite crear personajes, se llena de sentido. Con el stroytelling, la diseñadora nos invita a actuar y a ser partícipes del cambio.


Resulta muy interesante echarle un ojo a su canal de YouTube, donde podemos ver los procesos de fabricación de sus piezas. La que fue ganadora del premio LVMH en 2017 ha conseguido crear diseños adaptables, que mantienen una línea de patronaje, pero acaban siendo únicos según los materiales que se reutilicen para cada prenda. Dejando ese espacio para la diversidad, la marca siempre logra mantener una identidad clara; ya sea gracias a la aplicación en láser su icónico monogram de medias lunas o a su particular visión de la silueta.


Carrusel: colección Primavera-Verano 2020 de Marine Serre.


Vídeo: proceso de upcycling con alfombras en Marine Serre.



Bode


Mientras que Marine Serre emplea el upcycling mirando al futuro, la marca neoyorkina Bode se nutre del pasado para ofrecernos una visión muy intimista del cuidado del planeta.


No es la primera vez que hablo de la marca de la diseñadora Emily Adams Bode; ya lo hice hace unos meses en un artículo titulado 4 diseñadoras y diseñadores que me inspiran en 2021. En él, hablaba sobre la excepcional forma en que la creadora consigue retratar la idea de hogar a través de la moda, reutilizando antigüedades y textiles vintage como acolchados y otros tejidos domésticos. Aplicando la perspectiva de la sostenibilidad, resulta increíble cómo Bode es capaz de dar segunda vida a los materiales inspirándose en la historia de estos.


Uno de los momentos más emocionantes (y también más sutiles) de la última Met Gala, celebrada bajo el lema In America: A Lexicon of Fashion, fue el conjunto creado por Bode para la cantante neozelandesa Lorde. La marca adornó las piezas con multitud de artefactos y antigüedades provenientes de distintas partes de América y datadas desde 1890 en adelante, como lentejuelas, cuentas de vidrio y monedas. Se trata de pequeños símbolos cargados de significado y también, llenos de vida. La propia marca describe así el conjunto en Instagram, donde se puede ver el look de cerca; “recuerdo, preservación, artesanía e historia”.


Lorde en la Met Gala 2021, vestida de Bode.

Carrusel: colección Otoño-Invierno 2021 de Bode.



¿Qué tienen estas marcas en común? Todas ellas entienden la moda como un ejercicio colectivo; como un medio para construir comunidad alrededor de ideas, valores y emociones. Sienten profundamente el deseo de vivir en un mundo mejor, más respetuoso y más limpio, y lo hacen de la mejor forma que saben; creando, innovando, imaginando; invitándonos a todos a ser partícipes del cambio y, por qué no, a construir algo inesperado.