• Jacek Gleba

Entre Jane Austen y Carrie Bradshaw

Actualizado: sep 16



¿A quién no le gusta un poco de drama de época? Estos días he aprovechado para leer Orgullo y prejuicio de Jane Austen. La verdad es que se trata de un libro que tenía pendiente desde hacía tiempo: hace unos meses leí otra de las obras de Austen, Mansfield Park, y la terminé decidido a aventurarme (en cuanto pudiese) con su novela más conocida, justamente Orgullo y prejuicio. Se trata de una de las comedias románticas más reconocidas que se han escrito y es considerada un clásico de la literatura inglesa, que por cierto, Austen escribió cuando tenía solo 20 años.


La novela narra las aventuras de las hermanas Bennet cuando, impulsadas por su madre, se encuentran ante la necesidad de contraer matrimonio en la Inglaterra rural de finales del siglo XVIII. La historia se inicia con la llegada del joven y apuesto Charles Bingley a una finca cercana (y con él, su amigo Fitzwilliam Darcy), hecho que revoluciona las vidas de los miembros de la familia y, en especial, las de las dos hermanas mayores: Jane y Elisabeth.


Uno de los fragmentos más populares de la novela es la frase que le da comienzo: “Es una verdad reconocida universalmente que a todo hombre soltero que posee una gran fortuna le hace falta una esposa”. Austen da rienda suelta a su ironía desde el inicio, resumiendo lo que es en realidad el contenido de la obra: una reflexión sobre los formatos y las normas del matrimonio. Pero estos días, dándole vueltas, la frase me ha resultado algo familiar. ¿No funcionaría perfectamente también cómo introducción a un capítulo de Sexo en Nueva York?


Sexo en Nueva York, 1998-2004


La verdad es que Jane Austen y Carrie Bradshaw, protagonista de la famosa serie americana, tienen mucho más en común de lo que puede parecer: aunque pertenecen a épocas muy distintas, ambas observan y retratan las complicaciones, las normas y la artificiosidad de las sociedades en las que viven, poniendo especial atención a la forma en que sus miembros establecen relaciones unos con otros. Las dificultades de contraer matrimonio en la Inglaterra de finales de siglo XVIII resultan igual de divertidas (y estresantes) que el sistema de citas del Nueva York de finales de los 90.


Hay algo en la obra de Jane Austen que resulta terriblemente moderno: consigue reírse de la superficialidad y la pomposidad de la alta sociedad inglesa de forma sutil e irónica, de un modo que la hace relevante e identificable a día de hoy. Un buen ejemplo de esto es la icónica película de instituto Clueless (también de los 90), que es en realidad una versión modernizada de otra obra de la escritora, Emma. En la película, y en el libro, una joven popular y adinerada intenta transformar la imagen e identidad de una amiga (menos popular y menos adinerada), con tal conseguir emparejarla.


Clueless, 1995


Es evidente que la influencia de Austen sigue presente en la actualidad. Pero, ¿por qué nos gusta que nos repitan la misma historia una y otra vez? Creo que una parte de nosotros disfruta de vivir los encuentros y las separaciones, los conflictos y las reuniones de los personajes que tenemos ante nosotros, sin sentir la responsabilidad y la presión que conllevarían en el mundo real y teniendo cierta certeza (y tranquilidad) de que nos llevarán a un final feliz. No importa si se trata de la complicada relación de Blair y Chuck en Gossip Girl o del amor-odio de Elisabeth y Darcy en la novela de Austen, al final, nos encanta el drama en cualquiera de sus formatos.