¿Cómo será el futuro de los desfiles?

Actualizado: may 5

Estos días no se habla de otra cosa: la crisis sanitaria que vivimos está afectando a todos los campos e industrias y la moda no es una excepción. Con la cancelación de las Semanas de la Moda de hombre y de alta costura previstas para inicios de verano y la duda de cómo se producirán las colecciones de Otoño-Invierno, recientemente mostradas, la industria está sumergida en preguntas.

Afortunadamente, las cosas no se han quedado paradas y la mayoría de creativos de todo el mundo están aprovechando la situación para encontrar nuevas formas de llevar a cabo sus proyectos. Además, marcas, diseñadores y revistas están construyendo una gran red de conexiones con tal de buscar soluciones (las charlas Vogue Global Conversations, celebradas cada mes en Zoom, son un muy buen ejemplo de esto). Creo que lo mejor de todas estas iniciativas es que no se centran en solucionar los problemas a corto plazo, sino en aprovechar la situación para revisar lo que no se está haciendo bien y empezar a construir una industria mejor.


Desfiles y medioambiente

Uno de los temas que más se están comentado es el futuro de los desfiles. Evidentemente es imposible organizarlos en las condiciones en las que nos encontramos, pero ya llevaban tiempo siendo cuestionados antes de la cuarentena: el concepto de Semana de la Moda como lo entendemos a día de hoy es realmente insostenible, debido en gran parte a la enorme huella de carbono que supone (solo hay que pensar en la enorme cantidad de vuelos que se necesitan para mover a profesionales, modelos e invitados de Nueva York a Londres, y de Londres a Milán, durante un mes entero, dos veces al año).


Chanel Primavera-Verano 2018

Es difícil encontrar una fórmula sostenible, aunque algo que se está proponiendo es empezar por reducir el número de presentaciones al año, idea defendida por Marc Jacobs en su reciente entrevista con Edward Enninful, director de British Vogue: “Como mucho debería haber dos desfiles al año. Creo que la cantidad de cosas que hacemos, y la cantidad de veces que la mostramos, es sencillamente excesiva”. Una buena propuesta es apostar por un desfile por temporada que combine tanto las colecciones de hombre y de mujer (o que no las divida directamente) y evitar hacer presentaciones para precolecciones, colecciones crucero y cápsula.

Reducir el número de presentaciones definitivamente bajaría el impacto, pero no es suficiente. En este sentido es muy interesante el ejemplo de Gabriela Hearst, que recientemente ha propuesto el formato de desfile carbon-neutral, a base de minimizar el transporte, packaging y uso de energía, además de apostar por el talento local (contratando a modelos de la misma ciudad para reducir el transporte, por ejemplo).


Gabriela Hearst Primavera-Verano 2020


La verdad es que, más allá de la sostenibilidad, el ritmo que marca el calendario de la moda afecta también la forma de trabajar de los diseñadores: la constante demanda de productos nuevos genera una dinámica de urgencia y exceso. Las ideas que hay detrás de las prendas deberían poder durar más de seis meses. Hay un comentario de Natacha Ramsay-Levi, directora creativa de Chloé, que me parece genial: “no podemos malgastar materiales, pero tampoco podemos malgastar creatividad”.


¿Qué función tienen los desfiles hoy en día?

Creo que es interesante, además, ver qué objetivo tienen los desfiles en 2020. En realidad, la mayoría de ingresos de las marcas de lujo provienen de productos que no suelen aparecer en ellos: cosméticos, perfumes y gafas (mucho más asequibles que las prendas que vemos sobre la pasarela) además de accesorios de piel, como bolsos. Sin ir más lejos, el portal The Fashion Law estima que el 60% de las ventas de Chanel corresponde a su sección de cosmética, y que el 40% restante muy probablemente provenga de la venta de bolsos.

Pero, ¿se venderían estos artículos si no llevasen el logo que acompaña también un número de desfiles al año? Seguramente no. Las presentaciones son verdaderas herramientas de branding, y aunque evidentemente muchas personas compran las prendas que aparecen en ellas, su función principal es construir universos a los que los consumidores pueden adscribirse comprando productos más asequibles. Al final, la enorme cantidad de creatividad que se mueve para construir estos universos acaba convirtiendo el desfile en una pieza cultural en sí misma y la Semana de la Moda en un evento que refleja el momento artístico y social que vivimos.

El desfile como herramienta de comunicación


Por tanto, los retos a los que se enfrenta el formato del desfile no son solo medioambientales, también son creativos. En un tiempo en el que todos estamos saturados de imágenes, ¿cómo podemos destacar, ser relevantes, aportar algo? Las últimas décadas nos han traído grandes momentos, como Shalom Harlow siendo pintada por brazos robóticos en el final del desfile Primavera-Verano 1999 de Alexander McQueen, o las sillas y la mesa transformadas en vestidos en la presentación de Otoño-Invierno 2000 de Hussein Chalayan. Más recientemente, Balmain presentó su desfile para hombre Primavera-Verano 2019 convertido en un festival de música, con la idea, en parte, de democratizarlo y acercar las creaciones al público general.


Alexander McQueen Primavera-Verano 1999


Pero, ¿cómo conseguimos ofrecer un formato de desfile creativo, sostenible y que mantenga las prendas de la colección como protagonistas? Quizás podemos encontrar respuestas en la Semana de la Moda de Beijing, celebrada enteramente en formato digital en la plataforma Tmall. Estos días he estado bastante pendiente del trabajo de Angel Chen, una de las finalistas del programa Next in Fashion (Netflix) y su desfile digital: ahora que en China han bajado las restricciones, la diseñadora ha podido reunir algunos modelos y grabarlos con la colección para después mostrarlos en espacios creados informáticamente. El desfile, titulado Aurora, se puede ver en la cuenta de Instagram @angelchenstudio.


Angel Chen Otoño-Invierno 2020

 

Evidentemente, esto no significa que el desfile digital sea la única opción viable, aunque de momento se está presentando como una buena forma de solucionar la crisis a corto plazo. Creo que la clave está en encontrar sistemas que nos permitan combinar las posibilidades técnicas y de difusión que nos ofrece la tecnología con el valor de la comunidad y la fuerza de las experiencias en vivo. La verdad es que tengo muchas ganas de ver qué nos espera en la Semana de la Moda de Londres a mediados de junio, también organizada enteramente en Internet, aunque me parece todavía más interesante ver cómo serán las Semanas de la Moda una vez esto se acabe, con nuevas propuestas que apuesten por la sostenibilidad, la diversidad y una nueva forma de ver las cosas.

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