• Jacek Gleba

¿Existe un futuro sostenible para la moda?

Actualizado: sep 16


Miembros de Extinction Rebellion durante la Semana de la Moda de Nueva York.

Foto por Phil Oh.


Una de las partes más impactantes de la última Semana de la Moda de Nueva York fueron los desfiles-protesta organizados por el grupo activista Extinction Rebellion. En ellos, adolescentes y jóvenes desfilaron vistiendo conjuntos creados con basura y materiales reciclados, justo delante de los principales recintos donde se celebraban los desfiles de las grandes casas de la moda. El mensaje era claro: a la industria no le queda otra que cambiar. Y, aunque a estas alturas todos somos conscientes del impacto que tiene la moda sobre el planeta, este tipo de actuaciones acaban siendo necesarias para recordarnos que no podemos quedarnos de brazos cruzados.  


Personalmente, creo que es complicado tratar la industria de la moda en el siglo XXI: más de una vez le he dado vueltas a la idea de ¿qué sentido tiene todo esto? ¿no existe ya suficiente ropa en el mundo para vestirnos a todos? Creo que es difícil encontrar un equilibrio entre el desarrollo creativo que permite la moda y el respeto al medioambiente. Al ser esta una de las industrias creativas más arraigadas a lo material, inevitablemente va a necesitar explotar los recursos del planeta para construir sus creaciones. Es entonces cuando nos encontramos frente al dilema: ¿deberíamos rechazar la moda para proteger el planeta, aunque eso suponga la pérdida de una de las mayores fuentes de creatividad que tenemos?


Campaña de la colección “We Are The Weather” de Stella McCartney.


Como decía, no es sencillo. Afortunadamente, existen firmas que han estado trabajando estos problemas desde hace tiempo e intentan demostrar que es posible crear sin destruir. Uno de los ejemplos más conocidos es Stella McCartney: la diseñadora lleva casi dos décadas creando colecciones veganas que hacen todo lo posible por respetar a las personas y al planeta. También destacan la marca española Ecoalf, que utiliza basura de los fondos marinos para crear prendas de poliéster 100% reciclado, y People Tree, que apuesta por los materiales biodegradables y defiende los derechos de las personas que producen las piezas.


Campaña de la colección Primavera-Verano 2018 de Marine Serre.


Otra de los recursos que podrían salvar a la industria es el upcycling. Se trata de un proceso de creación basado en la reutilización de productos ya existentes. A través de este, manteles se convierten en vestidos, llaves en broches y pañuelos en camisas. Una de mis diseñadoras favoritas, Marine Serre, es genial en esto y utiliza el upcycling no solo por razones éticas, sino como fuente de creatividad, presentando colecciones cuya narrativa se basa en la reutilización de prendas. Además, hace poco descubrí la marca británica Remie Studio, que produce bolsos a partir de telas sobrantes o desechadas (ya sea durante los procesos de producción o después de su uso por el consumidor), creando auténticas piezas únicas.


Bolsos de la marca británica Remie Studio. (remie-studio.com)


Como consumidores es esencial que seamos conscientes. Quizás la idea más obvia es que debemos reducir el consumo (y no solo de ropa), pero también es importante, a la hora de comprar, apostar por productos de calidad y sobre todo, invertir en piezas que sabemos que vamos a usar muchísimas veces. La filosofía del fast fashion, basada en los precios minúsculos por prendas que vamos a llevar pocas veces, está muy arraigada en nuestra cultura y no podría ser más perjudicial. Es importante entender que pagar 5 euros por una camiseta es, simplemente, imposible: lo que no pagamos nosotros lo está pagando otra persona explotada al otro lado del planeta.


Por otro lado, un concepto clave es el hecho de que no hay prenda más sostenible que aquella que ya existe. Una de mis formas favoritas de comprar es apostar por la segunda mano. Realmente existen multitud de tiendas y mercadillos donde se pueden conseguir todo tipo de prendas por precios más bajos que los del fast fashion, y además, de forma muchísimo más sostenible: hace poco conseguí una camiseta de Loewe y un bolso vintage de Dior por la misma cantidad de dinero que me hubieran costado si los hubiera comprado en el Zara (En Baúl Weekend y Nau Bostik, respectivamente, ambos mercadillos en Barcelona).


Genuinamente creo que un futuro sostenible para la moda es posible, pero para ello es esencial que actuemos todos. Debemos tomar conciencia de lo que compramos y de cómo actuamos. No podemos esperar que sean las marcas las que den los primeros pasos: si nos movemos a favor de lo que nos importa, los creadores se verán forzados a responder y a proponer nuevos formatos para llevar a cabo su trabajo. Creo que la moda tiene una gran capacidad de contar historias y cuidar el planeta acabará siendo la mejor forma de preservarla.


El proceso de upcycling de unos tejanos en Marine Serre.