• Jacek Gleba

Los 2000 están de vuelta, esta vez, en manos de la Generación Z




Bolsos baguette, microcamisetas y pantalones cargo, es incuestionable que la estética del cambio de milenio ha regresado. Solo hace falta pasarse por las redes sociales de celebridades como Dua Lipa, Charli XCX o Normani para confirmar la teoría: se trata de una tendencia que suma cada vez más adeptos. ¿Los protagonistas? Los miembros de la Generación Z, que están ofreciendo una nueva mirada sobre algunos de los estilos más criticados de la historia.


A pesar de que pocas épocas de la moda han sido tan repudiadas como los primera década del siglo XXI, el estilo de los 2000 está de vuelta. Antes de que nadie se asuste, es importante dejar claro que los jóvenes y adolescentes que están construyendo esta corriente lo hacen desde una óptica contemporánea, irónica y actualizada. Además, esta nueva obsesión estética, popularmente bautizada como Y2K, no se basa en la década completa de los 2000, sino que parte del final de los 90 y se extiende durante los primeros años del nuevo siglo. Que estas tendencias regresen no significa que se desplome nuestro buen gusto colectivo y las propuestas de esta nueva generación de creativos lo demuestran.



Bolsos baguette, crop tops, bikinis... la Generation Z está dando segunda vida a los estilos icónicos de los 2000.



Pero, ¿cómo podemos explicar este resurgimiento? La moda es cíclica y todo regresa después de un tiempo (muy frecuentemente, en períodos de 20 años). Los estilos pasan de ser tendencia a ser odiados y a ser tendencia de nuevo, y los 2000 se encuentran lo suficientemente lejos del momento presente para ser considerados vintage y, por tanto, cool. Crop tops, pantalones de tiro bajo, chándales de terciopelo o accesorios con mariposas regresan a nuestros armarios y, ahora, son vistos con nuevos ojos.


Muchas de las películas de finales de los 90 y principios de los 2000, como Mean Girls o Matrix, son consideradas piezas de culto hoy en día y se han convertido en claros referentes de estilo. Si esto fuera poco, la actual obsesión con los reboots nos ha traído series como el live-action de Winx o la, todavía por estrenar, secuela de Sexo en Nueva York. A pesar de no situarse temporalmente en la época que tratamos, estas nuevas series han devuelto la atención a los programas originales y a su característica propuesta de vestuario.



Algunos de mis favoritos de los 2000: Destiny's Child, Legally Blonde, Sexo en Nueva York y Totally Spies.



Personalmente, no podría estar más contento de este resurgimiento. Aunque mucha gente se empeñe en negarlo, la moda tiene mucho de político. Este nuevo aprecio por la estética 2000, durante muchísimos años considerada nefasta, parece un pequeño (o grande) acto de rebeldía y no es difícil asociar este movimiento estético a una clara corriente progresista. Los más jóvenes toman lo que es considerado como “feo” o “inadecuado” y lo hacen suyo, como ha pasado en muchísimas ocasiones en el pasado y prácticamente en todas las generaciones.


El otro día hablaba del tema con una amiga, Ànnia (@annialopez), y me hizo ver algo en lo que no había caído hasta el momento: este regreso a la estética exuberante del cambio de milenio coincide con una nueva óptica feminista que defiende lo esencialmente femenino como algo positivo y no excluyente de lo intelectual. Durante la última década se ha producido un rechazo cultural a todo lo femenino y muchas mujeres han adoptado elementos y actitudes masculinas con tal de ser escuchadas y valoradas profesional y personalmente. Si esta nueva tendencia nos demuestra algo es que, en la actualidad, tanto mujeres como hombres pueden adoptar actitudes y estéticas altamente femeninas sin que ello afecte a su inteligencia o ambición. (Si os interesa, recomiendo mucho ver este vídeo de Shanspeare sobre el tema).



Celebridades como Dua Lipa, Normani, Zendaya, Bella Hadid o Charli XCX han experimentado con la estética 2000.



Lo que más me ilusiona de esta corriente de estilo es que se trata de una tendencia, paradójicamente, sostenible. Las tendencias suelen incitarnos a un consumo constante de ropa nueva con tal de sentir que “pertenecemos” o que “estamos enterados”. En este caso, las cosas son distintas. La mejor forma de lograr una estética 2000 es a través de prendas vintage de la época. Comprar segunda mano es la forma más viable, económica y sostenible de participar en esta corriente y, por tanto, un potente motivador que puede dirigir a los más jóvenes a las tiendas vintage o a aplicaciones de compra de segunda mano como Vinted.


Que sean precisamente los adolescentes los que lideran un cambio de estilo no es sorprendente: es incuestionable que la Generación Z ha iniciado su interés por la moda mucho antes que el resto de las generaciones gracias a las redes sociales. El acceso a un mundo inagotable de referencias ha logrado que, hoy en día, sean ellos quienes adoptan las tendencias en primer lugar. No es difícil deducir que serán los más jóvenes quienes construyan la estética de la nueva década, ¿serán los nuevos 20 mejores que los 2000?