Moda y género: nuevos caminos

Actualizado: 10 de dic de 2019

La relación entre moda y género es de todo menos sencilla y, aunque el simple binarismo ha sido la forma de expresión propia de occidente durante los últimos dos milenios, es importante ver como el siglo XX ha iniciado un camino de ruptura que nos ha llevado hasta hoy. De entre todos los cambios que se produjeron en esa época, creo que uno de los más destacables fue la introducción del pantalón como pieza de vestir adecuada para la mujer (hecho que fue posible, en parte, gracias a Coco Chanel).


Esta adaptación del armario femenino realizada durante la primera mitad del siglo anterior supone el comienzo de un proceso de transformación en el esquema tradicional de la moda para mujer. Las prendas tradicionalmente masculinas han sido adaptadas hasta tal punto que hoy nadie se sorprende al ver una mujer llevando tejanos, zapatos Oxford, o incluso traje. Es difícil encontrar desfiles que no incluyan este tipo de piezas entre su propuesta para el público femenino. Pero, ¿no nos dejamos algo?


Mientras las mujeres han tenido la suerte de poder expandir sus fronteras a la hora de vestir hacia las categorías tradicionalmente masculinas, este proceso no ha sido recíproco. Y esto (aunque no lo parezca) es un claro ejemplo del machismo que todos llevamos integrado dentro. Las mujeres han tenido la oportunidad de apropiarse de este tipo de piezas porque se relacionan con el mundo masculino, que es (normalmente de forma poco consciente) inevitablemente relacionado con algo positivo en oposición al femenino.


Fomme por Sarah Staiger


Que una mujer parezca un hombre nunca se verá como algo tan negativo como que un hombre parezca una mujer porque, al fin y al cabo, todos estamos convencidos de que cuanto más hombres seamos, mejor (sin importar nuestro género). Y en realidad, criticar a un hombre por llevar falda o maquillaje no es más que un acto machista básico: ¿cómo vamos a aceptar que un hombre se asocie al mundo femenino y, en consecuencia, a una aparente sumisión? ¿No se encuentra el problema en que asociamos las faldas y el maquillaje a la sumisión y no en las faldas y el maquillaje en sí?


Es cierto que tanto la masculinidad como la feminidad llevadas al extremo no son nunca buenas. Una feminidad extrema suele relacionarse con cierta superficialidad, mientras que una masculinidad extrema suele verse violenta. ¿No sería buena idea, entonces, probar de encontrar un equilibrio que funcione para cada uno?


Son muchas las marcas que han empezado a optar por colecciones unisex (Ralph Lauren y Michael Kors, por ejemplo), pero estas suelen acabar siendo conjuntos de prendas masculinas, holgadas y neutras, que son una repetición de la norma: el triunfo de la estética masculina como símbolo de lo que es, en última instancia, correcto.


Carlota Barrera por Jorge Pérez Ortiz


Por otro lado, empieza a crearse cierto mercado alrededor de una masculinidad pasada por una óptica femenina. Existen marcas expertas en esto, como la alemana Fomme o la española Carlota Barrera (en ambos casos se trata de mujeres que diseñan para hombres, con cierta sensibilidad y siempre usando elementos tradicionalmente femeninos). Además, cabe mencionar el archiconocido Palomo Spain, que, junto a Barrera, es uno de los ganadores del premio Who’s On Next que concede Vogue España cada año. Este tipo de marcas se multiplican y las propuestas de moda masculina-feminizada son cada vez más interesantes. ¿Serán el paso previo a simplemente crear prendas sin género?


Todavía queda trozo por recorrer aunque, por suerte, ya andamos por el buen camino: creo que empieza a llegar el momento de dejar de usar la moda como herramienta para construir masculinidades y feminidades y empezar a usarla para construir historias.


Palomo Spain (imágenes extraídas de palomospain.com)

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